e-boletín # 5 · Marzo 2007
 
Opinión
 
El Diálogo y las Relaciones de Poder: ¿Qué tan lejos podemos llegar?

por Iñigo Retolaza, Universidad Wageningen.

El Proyecto Regional de Diálogo Democrático del PNUD y el Centro Carter convocaron a un Taller de Reflexión Generativa sobre la evaluación del impacto del diálogo en aquellas iniciativas en donde se implementa. El taller brindó la oportunidad de reunir a un importante grupo internacional de practicantes del diálogo (académicos, facilitadores, participantes de diálogos, donantes, convocantes, etc.) que compartieron sus experiencias y reflexiones en torno al impacto de los diálogos en el entorno en el que se aplican. Uno de los temas que emergió con fuerza de la conversación grupal se enfocó en la relación entre poder y diálogo, y cómo las dinámicas de poder afectan, tanto al proceso de diálogo en sí como a sus resultados.

Los participantes estuvieron de acuerdo en que el diálogo público facilita la redistribución de poder dentro del propio proceso de diálogo en sí. Es decir, la forma en que se convocan y se llevan a cabo los diálogos públicos multi-actor facilita una interacción o exposición más horizontal e intensa entre las partes poderosas y los otros actores; siendo estos últimos los que se ven afectados por el asunto en cuestión pero que no cuentan con muchas oportunidades ni espacios para entablar una deliberación pública en torno a dicha cuestión específica. No obstante, esta redistribución de poder dentro del proceso de diálogo no siempre deriva en cambios permanentes en las dinámicas de poder como resultado de lo que se logró o acordó hacer una vez el diálogo ha terminado. Los participantes explicaron que en la medida en que las élites y los tomadores poderosos de decisiones no llegan a comprometerse completa y plenamente en el proceso, se hace muy difícil salvar la brecha entre la deliberación pública inicial y la subsiguiente toma de decisiones políticas. Por ende, los diálogos públicos multi-actor pueden llegar a caer en desgracia y ser descartados como una herramienta válida para implementar, o al menos apoyar, el cambio societal. Esto puede llegar a suceder aún más en países que sufren conflictos socio-políticos profundamente arraigados o que están viviendo procesos de construcción de la paz, y/o que cuentan con instituciones democráticas débiles que muchas veces son manejadas por culturas y élites políticas post-coloniales.

Este hallazgo trajo a consideración la importancia del rol que tienen los diálogos públicos en el fortalecimiento de las democracias representativas y de transición. Esto mediante la complementación o enriquecimiento de los mecanismos y espacios a través de los cuales el público en general, y más precisamente las partes interesadas clave, pueden reunirse, aprender unos de y sobre otros, y llegar a un entendimiento y consenso compartido sobre cómo manejar mejor los temas controversiales que los reunió inicialmente.

También se comentó sobre asuntos relacionados con la representatividad, así como sobre la necesidad de garantizar aún más que los participantes en el diálogo sean rendidores de cuentas y que se encuentren canalizando efectivamente las voces e intereses de aquéllos a los que dicen representar. La descentralización de los diálogos públicos hacia los niveles sub-nacionales se consideró como un mecanismo para democratizar el diálogo en sí (yendo más allá de los diálogos de élites), así como para salvar la brecha entre los representantes y sus representados. Por otro lado, el acercamiento de los diálogos públicos a los ciudadanos y a las partes interesadas a nivel sub-nacional, se consideró como un mecanismo sólido hacia un mayor sentido de apropiación y una aceptación más amplia de los resultados logrados, y por ende de las acciones a tomar en el futuro.

En resumen, los participantes consideran la práctica del diálogo público como un proceso poderoso para el cambio societal y como una herramienta útil para la resolución de conflictos. Sin embargo, para que esto suceda, los diálogos democráticos deben tomar en consideración, fuerte y activamente, las dinámicas de poder dentro y alrededor del espacio dialógico; esto para garantizar, en la medida de lo posible, la sostenibilidad y los impactos positivos de las acciones a seguir que emergen de la deliberación pública. Finalmente, estas reflexiones abren el campo para más indagación e investigación sobre las implicaciones que estos hallazgos tienen en relación con el rol que la comunidad del diálogo puede jugar al tratar con relaciones de poder en procesos dialógicos públicos.